lunes, 12 de febrero de 2018

Gandul, Ganso y Gañan.Juan Mantero


Juan Mantero da a luz su libro Gandul, Ganso y Gañan por obra y arte de DK ediciones de rarezas. Impecablemente diseñado por Daniel Albors y revisado y coordinado por Juan Andrés Pastor. Un libro con un continente significativo y con un contenido donde la ironía y la pasión se mezclan.  Compuesto por 30 poemas, algunos de ellos magníficos sonetos, dos prosas (A y Z), un cuaderno de arte de Judal Marín y un epílogo de Eduardo González Palacín.

Se abre esta obra con una exégesis de la letra G, escrita por Javier Olivar de Julián. En este relatorio, a modo de prólogo, se ensalza la obra de Mantero subrayando la profundidad de los versos “idéntica a la profundidad de nosotros mismos”.

El inicio y el final  del poemario son dos prosas, (A y Z), dos puertas abiertas, donde Juan Mantero nos deja trazos de un pensamiento existencial que rompe con cualquier metafísica al uso. El primero de los escritos anota la soledad, Soledades (A), como esa particular compañera de viaje. Mantero hace un recorrido por las diferentes soledades avisando aquí, entre líneas, de lo que nos espera dentro con sus poemas (a modo de letras de canciones). De todas las soledades la que sobresale es la Soledad acompañada, esa –como él dice-que lancera el alma. Luego volverá sobre el tema en el ecuador de la obra con Soledad bajo cero (pg.38), un poema para leer despacio, para meditar sus estrofas cargadas de ironía que rechazan el patetismo, de humor del bueno ante la tragicomedia de la propia vida.  La última prosa (Z), Orgullosos (pg.58), con la que cierra el libro es un diálogo intimo con su moleskin, una realidad que a “lo Platón” representa la conciencia. Habla de él como de un amigo que le guarda sus secretos, los fracasos, neuras, frustraciones. Un moleskin sin terminar al que susurra, como un enamorado.

El primer poema, Yo, inicia este recorrido donde parece que el yo lírico se funde con el propio poeta. Aquí pone la nota característica y paradójica del venir apresurado y llegar tarde. En los versos de este poema se describe el carácter de un hombre peculiar que se conforma con su manera de ser en el hecho de “tan solo pensarte”. La ironía, que será una constante en la obra, aparece en el siguiente poema, Pecador, donde (parafraseando el milagro de Caná) juega con el agua y el vino. Versos éstos cargados de humor satírico que rompe con las mentes más anodinas hasta terminar, de forma aforística, con un “No se sacia la sed en el infierno, / has venido al sitio equivocado” (pg. 15).

El yo literario que Mantero traza es un personaje canalla, un ganso remolón y lisonjero, (pg. 16/17)). Un convidado de piedra (pg. 19) que rompe la armonía de la fiesta pero que, mirándose, no pierde su autoestima. Aquí, poeta y poesía se fusionan y es Juan quien dice de sí en boca del personaje que “sabe bien lo que vale y hasta puja/ a la baja contra don Pedro Botero” (el Pere Porter catalá), el canalla inocente del cuento.  Y es de esta forma, como nuestro poeta lanza un alegato, con un Me apetece (pg. 20),  sobre su ser mismo renaciendo para que nadie vuelva a recriminarle, para que no le duela nada…para reírse de su sombra, para responder tarde porque –dice- “yo ya sé dónde se encuentra el infinito/ entre mi corazón y mi cabeza” (pg.21). Magníficos versos finales, con sesgo de lirismo,  que cierran el deseo de alguien que vive con el impulso de ser diferente. En realidad, es diferente este “personaje-Mantero” al que quieren espabilar sin que él se deje porque “de gañan voy cómodo. /Y decido no esparciros mis miserias…” (pg. 23). Un don Juan de Ginebras diferentes que, haciendo un guiño a Miguel Hernández, dice que “no quiere ser llorando el hortelano /ni bufón de la corte ni arenero” (pág. 25).

Y entre ironías y sarcasmo llegamos al centro de la obra con tres poemas que le dan título a la misma: Ganso (pg. 28), Gandul (pg. 29), Gañán (pg. 30). Tres poemas que revelan la identidad de esa voz poética que nos va llevando por los vericuetos canallas de alguien de corazón grande, molesto y fuera del sistema. Alguien que dice tener miedo, pero miedo de la traición. Se puede ser más noble y directo, “más legionario, ( y ) novio de la muerte” (pg. 35). Y en este descifrar identidades, nuestro autor juega con el tópico del “Cero a la izquierda” para apuntar, con versos profundos y significativos, que siendo así, “nos defendemos, como mudos, / inválidos en medio de la fiesta/ de binarios, enteros, decimales.” (pg. 34). Este sujeto lírico que en otros versos llega a revelar ese dolor-doliente que exige, imperativo, que un tú le desgarre el alma “si la encuentra” (pg. 41).

Los versos centrales revelan un  fino cinismo, auténtico kinikós griego,  propio del  asistemático Diógenes. Sin embargo, estos no expresan tanto las características del personaje, creado en este libro, como el poema A veces. Aquí,  el yo poético dice desplomarse para ver “solo mis cicatrices íntimas”. Y en él, con una lluvia de versos rimados, sigue describiendo a ese personaje molesto “cada vez que abre la boca” (pg. 42).

Termina el libro con un poema, Harto, (pg. 57) donde ese  carácter antisistema y bohemio, crítico y social  de Mantero se completa. Así dice, “estoy harto/ de tanto sinsentido,/de miles de ojalás,/ de manifiestos…/Estoy harto de civismo incívico,/…  del cuñadismo…/¡Estoy harto de tanto postureo/ y tanto fariseo!”.

Juan Mantero se define, en su obra,  como “un simple poeta de lo oscuro”, “un juntaletras”. Este aserto que él se da a sí mismo lo argumenta con algún verso diciendo que Violante no le encargó (encargaría)  ni un soneto. De haber conocido a Juan, posiblemente doña Violante le hubiera encargado uno y más sonetos y nuestro poeta no la hubiera defraudado, como sí lo hizo Lope de Vega. Hay que decir, y creo no equivocarme, que los sonetos de Mantero son un disfrute. De cómo un mensaje canalla puede verterse en el esquema de una composición renacentista del siglo XV y que no todos los poetas son capaces de hacer. Cito un buen soneto, divertido, a lo Lope de Vega, este de Tú llama (pág. 51) donde el yo lirico dice escribir eyaculando desde dentro. Este poema es un ejercicio metapoético porque habla del hecho mismo de escribir versos de arte mayor, endecasílabos y rima consonante. Que ya lo dice el  poeta “no rimo en asonante pues no encuentro/terminación para tantos matices/ o acabas el soneto o te desdices/buscaré en los tercetos epicentro.” Otros sonetos a tener en cuenta son Morirse en agosto (pág. 55), Escarceo (pg. 16), Incapaz (pg. 17) Infierno cotidiano (pág. 31), Legionario (pág. 35).


La obra de Mantero hay que releerla, no basta una sola lectura.  Importa  descubrir en ella, como anota Juan Andrés Pastor, el editor,  matices que están ahí y que no deben obviarse como son “el temblor de la ausencia, el batir de alas de una música que, en Juan, parece sorda y no se baila si no fuera por el atabal de un corazón que tiene el ritmo de la duda.”

Para saber más de la forma de escribir de nuestro autor merece la pena mirar:

Resta solo agradecer a Juan Mantero, la genialidad y generosidad de su obra y a la editorial DK la magnífica estética con la que la viste y envuelve. Un regalo para los amantes de la buena (rara) poesía.




domingo, 4 de febrero de 2018

Hay mañanas...


Hay mañanas para dedicarles un buenos días...Hay mañanas que basta mirar y no decir nada...Hay mañanas que tienen ese ritmo de acuarelas...Las mañanas, las mañanas tienen esa luz silente...Hay mañanas de domingo que hay que dejarlas ir siguiendo la corriente... así de sencillo.Esta mañana hay que saborearla siguiendo la brisa y la caricia del agua...esta mañana de domingo.Hay mañanas, cielo,agua y ganas de seguir...hay mañanas que agradezco estar vivo.Hay mañanas en las que destrozaría los monstruos que quiebran el horizonte y después...después nada o mejor me pondría a escuchar los violines de la lista Schindler...







Crítica a Rehacer el alba.




                  Desde este habitáculo quiero agradecer a Manuel Pecellín Lancharro su positivo comentario sobre mi ultimo poemario publicado por Vitruvio. Su visión sobre la obra anima a seguir adelante en este arte de enhebrar palabras. Termina el comentario diciendo: 

                              Poemas y aforismos (tradición muy nietzscheana), cuidadosamente labrados, soportan con reciedumbre desde  leves intuiciones  a sentencias apodícticas en los que resulta fácil reconocerse. “Dios ha muerto, Nietzsche ha muerto y yo tampoco me encuentro muy bien”, bromeaba Groucho Marx. Pero habrá que seguir hacia delante. Libros como éste ayudan

                        Gracias Manuel por tus consideranciones hacia mi obra.

http://blogs.hoy.es/libreconlibros/2018/02/03/insoportable-levedad/



domingo, 28 de enero de 2018

Un año más

Un año más para ver el sol. Un año más de tregua en esta carrera de obstáculos. Un día más para oír el rumor del agua de este río de la vida que fluye generoso. Una hora más para que la brisa acaricie está corteza que me envuelve...Unos minutos más para que el sabor de los versos podados me hagan crecer en el juego maravilloso de las palabras.Un segundo más para que el olor salvaje de las plantas calme esta inquietud que se rebela interior...

viernes, 26 de enero de 2018

SI LA DUDA




SI LA DUDA es una brecha 
por donde los sueños escapan, 
qué hacer cuando no hay mensaje
y la inquietud se yergue 
en el centro del alma. 

 Dónde está el color de la sorpresa.

Si la espera es un silencio 
entre el infinito y las horas, 
qué decir 
cuando el ruido de la calle 
lastra el azul de los recuerdos.

Dónde, el sencillo gesto de nombrarte. 

Por qué estos paraísos de cartón, 
por qué esa gravedad que hace del instante 
un vértice incierto. 
Puedo hacer silencio, sin romper 
el disfraz de la palabra, cerrar los ojos, 
pero no matar el mundo.


De Si el infierno soluciona en REHACER EL ALBA. Vitruvio. Madrid. 2017

jueves, 25 de enero de 2018

Breve catálogo de insectos...



Breve Catalogo de insectos y otros seres menudos es la última entrega de José Manuel Vivas, la onceava de su producción literaria, editada  por Lastura en su colección de poesía.

1.      DESDE EL TÍTULO, UNA REFLEXIÓN.

Si tuviera que coger una imagen para describir esta obra tomaría  la del grito de una madre al parir su primer hijo. ¿Por qué digo esto? porque el poemario de José Manuel es la visión poética y amante del dolor, de lo incierto, ante el ser humano que tiene enfrente. Un dolor infligido al hombre por el propio hombre. Sí, en este Breve catálogo de - lo molesto- el poeta toma la iniciativa de mostrarnos los desastres de este homo homini lupus que es el ser humano.

Su forma de decir no es con ironía, aunque la emplee, sino con aquello que mejor conoce, el verso. Así, de esta manera, bajo el título curioso de Breve catálogo de insectos y otros seres menudos, hilvana los peores hechos de la historia reciente: pateras, hambre, guerra, proxenetismo,…, con versos, con magníficos versos, que no hacen menos horrible ni más amables los hechos que cuenta, sino más soportables. Por tanto, este libro no es un poemario al uso sino una caja con versos donde el poeta ha colocado la memoria arrinconada, aquello que no nos interesa mirar.

No hay que tener miedo a dejar de leer este libro nada más comenzar.  Advierto que provocan vértigo, el necesario para hacernos más humano ante tanta des-humanidad. Por esto mismo, se advierte que la función de los poemas en esta obra  es la de empujarnos a mirar con valentía la realidad, la triste y dura realidad que nuestro autor cataloga, de forma breve, como lo molesto, como insectos y seres menudos.

2.      DESDE OTRA REFLEXIÓN, UNA PROPUESTA.

La otra reflexión, y muy interesante, está en el prólogo de la obra. Importa no saltarlo. Su autora es Laura Giordani, una poeta argentina afincada en Valencia. En este prólogo, Laura habla del contenido de este libro como de minúsculos holocaustos que no podemos eludir.  Así, como primera propuesta, Laura indica que tenemos una tarea-la que en sí acomete José Manuel- que es la de decir lo que nos duele, para que la muerte no tenga la última palabra (pág. 14).

3.      LA MIRADA DEL AUTOR. LAS CUESTIONES QUE PLANTEA.

Esta obra tiene el sello indiscutible de Jose Manuel Vivas, es decir, una forma de  ir a la raíz de los problemas, de abordar lo esencial sin alharacas metafísicas, de forma directa y sin paliativos. Por ello, sus versos, los que aquí aparecen, son frescos aunque hablen de las heridas más profundas.

El contenido lo vierte nuestro autor en dos grandes capítulos, y un poema introductorio.
En el poema de entrada nos presenta a la bestia, a ese hombre lobo para el hombre; y en los capítulos que siguen, por un lado, desarrolla aquellos problemas que nos envuelven fruto de la “malicia” humana, y por el otro, aquello que está en nuestra memoria y queremos olvidar. Cada capítulo tiene 18 poemas, aunque esta referencia es lo de menos. Lo que importa es que al tomar cualquiera de ellos- reitero-no se tenga miedo, ni vergüenza  a dejarlos una y mil veces para luego volver a retomarlos. Como digo arriba, aconsejo hacerlo así. Este poemario no admite lecturas lineales, ni seguidas, sino intermitentes, cortas, silenciosas, contemplativas dejando espacio para pensar en uno mismo, algo que no se lleva, y en especial para pedir perdón por los desastres que provocamos los hombres entre nosotros mismos.

Dicho esto, quiero subrayar las tres cuestiones que nuestro autor plantea: la crueldad/ la paradoja del límite/ el olvido.

1-La crueldad.-
Esta viene subrayada en el poema introductorio. Aquí, el poeta nos da una visión paradójica del hombre, de cómo este quiere llegar más alto de lo que su estatura de finitud le permite. Así, cuando nos habla de la crueldad  lo hace como de esa realidad congénita al propio ser humano. Esta idea aparece en los tres versos iniciales: Este animal que no protege a su prole/ y la somete al fútil presagio del abandono/tiene los días contados. (17)

La actitud del hombre-en el pensamiento de nuestro autor-al desproteger y abandonar lo propio no puede ser más cruel, más des-almado. Hay que tener entrañas de misericordia para seguir creyendo en el ser humano o alma de poeta, como la de José Manuel, para escribir lo que en esta obra aparece. Es atrevido hablar  del raquitismo del propio hombre y al mismo tiempo seguir creciendo con él.

2.- La paradoja del límite
El primer grupo de poemas, comienza  con una cita de la argentina Alejandra Pizarnik: Son mis voces cantando /para que no canten ellos,/ los amordazados grismente en el alba, /los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Aquí, en este espacio, el poeta describe con sus versos los límites que el hombre ha traspasado, la línea roja que ha disuelto, depredando a sus propios hijos desde el miedo a perder. Esto recuerda a Saturno, aquel dios que se comía a sus propios hijos bajo la presión del miedo a perder su estatus. Por otro lado, este hecho depredador habla también  de la impotencia del ser humano que creyéndose superior,  al mismo tiempo, se ve incapaz de admitir sus propios  límites. José Manuel Vivas, con sus poemas, nos presenta esta terrible “hazaña” del ser humano, de cómo pudiendo alimentar el hombre deja que los otros mueran de hambre (pág. 40/41), pudiendo acoger permite que se cierren las fronteras (pág. 21), incapaz de amar roba el placer a la otra con la ablación (pág., 33)…

La paradoja del límite está aquí, en la contradicción del propio ser humano que siendo débil se vuelve violento con los más débiles. Es curioso como esta visión de lo cruel que no queremos admitir en nosotros el poeta nos la muestra. Nos dice con sus versos el cómo habría que hacerlo, aunque duela.  Sí, hay que admitir que hemos traspasado los límites de la dignidad, de lo que en sí es lo humano, cuando  permitimos que algunos hombres se “vuelvan peces de plásticos que saltan/ desde la selva del olvido/hasta las fronteras de ciudades/ con nombres impronunciables” (pág. 21); cuando miramos para otro lado, ante el hombre-niño soldado, al que le  “abundan, le laten grillos en sus manos hasta que estos huyan carne adentro invadiendo de oscura bilis/ la vejiga/ de dolor su vientre/ y de lodo sus piernas” (pág. 23). Sí, el hombre fuerte no lo es tanto cuando abandona a su suerte a sus hijos “y no hay refugio para tantas manos/ dice el poeta/ para tantas alas  rotas ni quebradas risas, / ninguna esperanza en sus nidos de nieve.” (pág. 25).

Junto a esta cosmovisión del salir fuera de lo digno, aparece una figura-símbolo que, más allá de cualquier retórica, es indicativa de la realidad humana, las manos. Merece la pena leer a este respecto el poema de la página 26, Las manos que acarician y son ahora garras de mortal abrazo, pura paradoja.

 En este apartado primero, José Manuel Vivas nos hace ver cómo estamos inmersos en una realidad entendida como desmemoria(pág.31), como la negligencia de una madre impasible acumulando crueldades, silencios y mentiras(pág.33), como la vida truncada que puebla callejuelas y parques oscuros(pág.35), o nadan entre basureros y cigüeñas, peces de duras agallas, de pies descalzos y niñez amputada (pág.39).  La ruptura con lo social es lo que el poeta quiere hacer presente, visibilizarla aunque moleste. Basta leer el poema La nana invisible de un cuento africano (pág.28) para ser conscientes de la crueldad del ser humano. Los versos se soportan porque el poeta los desarrolla con gran ternura. No deja de ser amante esta visión de los hechos al pretender con ello-repito- que no se mire para otro lado.

La maestría de nuestro poeta hace que lo más duro se vuelva algo fácil de mirar generando conciencia. Y así lo expresa en el último poema de este capítulo: Mientras escribo esto sigue sumando la parca/ su infinita cuenta de menudos esqueletos/, el débito inadmisible en nuestra lista de la compra… (47)


3.- El olvido.
Esta idea se desarrolla en la última parte. Aquí, el grupo de poemas nos hablan del no dejar de tener memoria aunque a toda costa queramos olvidar lo que sucede.
La cita cabecera es de una escritora, Marisa de la Peña, que entiende- igual que nuestro autor- lo importante que es  luchar por la recuperación de la dignidad humana.

El poema inicial recuerda lo expuesto en la primera parte pero esta vez subrayando las  terribles complicidades para destruir a los terceros, a esos “insectos” que molestan. Estos son los que sufren, aquellos a los que se les quita la comida, la casa o la vida. El poeta magistralmente declina, fuera del encuadre, el verbo tener (haber) y el ser (estar). Presente imperfecto del verbo ser/ (que no es lo mismo que ser verbo). / Yo soy cómplice, /tú eres insensible, /él es un número más. / Nosotros somos unos cobardes, / vosotros sois unos asesinos/ ellos son las víctimas propiciatorias/ ( Y no hay más declinaciones por ahora.) (pág.52).

Los poemas que siguen hablan desde el perdedor, desde el hombre muerto, desde la herida incesante, desde la vida sin arraigo (pág. 53). Con esto el poeta seguirá insistiendo que esto es lo que no hay que olvidar y que por tanto   no hay que dejar de tener puesta la mirada en el sur, ese sur adonde “van los desastres, las avalanchas, el agua desbordada, la tempestad, los fieros huracanes (pág. 43)   Ese sur de la vida doliente lo queremos olvidar, sin embargo es importante mantener su memoria. De esta manera, el poeta significará el no olvido con un hermoso poema, la maleta de Charlotte Salomón, esa pintora judía que murió en Auschwitz, y que –como buena hebrea- mantiene el shemá, el recuerdo dentro de una maleta. Nuestro autor aprovecha el gesto con estos verso: Tengo  una  maleta llena de dibujos/en la memoria/y un millón de cuerpos sin voz/en los pastos del olvido (pág. 55). Hay que buscar en nosotros la huella de tanto desastre, así nos lo impone la voz de la conciencia en los versos de José Manuel Vivas haciéndonos una aseveración “no busquéis donde/ no existen ellos, /donde no hay sombra de su memoria” (pág.58).

Y en medio de tanto desastre y muerte, de esta segunda parte, un respiro poético en la imagen del sueño de un niño. Aquí, el poeta le da voz a los sueños del ser que quiere recomponerse. “Y sueña el niño con nidos y con árboles…con libélulas y juncos…con ser pez fuera del agua, con ser pájaro que se lanza al aire / extiende sus alas y vuela (64). Un descanso lírico donde el significante es la libertad que brota, como un ideal, en el sueño. Este soñar del niño no es más que un recordar la esperanza ante el olvido, ante la herida sin cicatrizar. De esta forma, el poeta continúa alertándonos con los recuerdos, de aquel niño sin frontera, de la madre muerta, del hermano desaparecido, del padre que nunca regresó…

Lo tremendo del olvido es que alguien quiera convencernos que la realidad no es tal, la mayoría de las veces es el poder el que disfraza todo aquello que no interesa que se sepa haciendo que le demos la espalda a lo evidente. El poeta es consciente de ello y nos dirá en uno de los poemas finales: “Acabas de recordar/las asperezas del olvido, /esa herida sin cicatrizar desde entonces, /desde aquel tiempo de dolor/ tan temprano…y  siempre…dijeron que todo era mentira” (69).

Enhorabuena a José Manuel Vivas por su valentía al traernos estos versos de Breve catálogo de insectos y otros seres menudos, que, directamente, nos hacen tomar conciencia de nuestra realidad sin obviar la parte molesta que hemos creado. Porque –dice él- “no basta mirar hoy, / habrá que mirar siempre.” (72). Sí, mirar siempre porque no todo está perdido: Pero miras de nuevo/ el retrato de ayer/ como si pudieras/ regresar al hijo, / como si aún fuese posible/ salvar el mundo (pág.74).








Hace más de...



Hace más de cincuenta y pico de años, cuando nací, el día estaba como hoy. Mi padre, en bicicleta, trajo a la comadrona que después del parto se metió en la cama con gripe. Cosas de la vida. 


Gracias papá,gracias Loli ( la comadrona), por ayudarme a nacer en un día tan frío y lluvioso, como el de hoy. Gracias por traerme a la vida por haberme dado la oportunidad de probar y sentir esta humanidad que tanta felicidad me a aportado. Gracias por hacer que viva y en este vivir aprender y crecer con errores y aciertos.

Ahora, después de haber pasado el ecuador de mis días, ahora comprendo que vivir merece la pena. Siento que voy entrando en otra dimensión que me prepara para lo mejor. 


miércoles, 24 de enero de 2018

ACOSTUMBRADO...

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ACOSTUMBRADO a las sorpresas y a contemplar desiertos, descubro ese color de la mañana
que la vida saborea. La luz de invierno alberga cadencias de misterio. Con poca claridad
no sé dónde colocar la mirada.  Mi corazón late al ritmo de una música que no quiero tocar
y que, sin fuerza, interpreto.


De La levedad del barro. Rehacer el alba. Vitruvio. madrid. 2017

domingo, 21 de enero de 2018

NO IMPORTA

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Es posible la luz aunque haya oscuridad y tenga 
que volver a redimir el canto de los dedos 
mientras deshago el silencio que me separa de ti.

(Rehacer el alba. Ediciones Vitruvio. Madrid. 2017)
La imagen puede contener: cielo, nubes y exterior

LENTO se despierta el día.
La luz besa las paredes, 
rompe la guadaña de las sombras. 
En este acoso de grises y perezas,
los recuerdos se amontonan 
envueltos con sonidos callejeros.

El silencio de las manos esconde al verbo.
La imagen puede contener: cielo, árbol, planta, exterior y naturaleza


( De La levedad del barro en Rehacer el alba. Vitruvio 2017)

MIS VISITAS AL MUNDO

MIS VISITAS AL MUNDO
Tiene Lisboa sonidos de agosto